Son tan diversos, frecuentes y graves los
hechos que acaecen a diario en Colombia, que sus hijos hemos perdido la capacidad
de asombro. Pareciera que ya nada nos puede sorprender debido a que en nuestra
historia contemporánea hemos asistido al culmen de la violencia, la corrupción,
la degradación social y el cinismo. Sin embargo, debo decir que en un principio,
la famosa campaña “#SoyCapaz” logró dejarme estupefacto. La vil
utilización de la semántica para pretender engañar incautos y tratar de vender
imposibles éticos ha llevado al gobierno colombiano a un nuevo nivel de
descaro, deshonra y vesania.
Esta campaña, que por supuesto es un engranaje más
en la onerosa e intrusiva andanada publicitaria gubernamental que ya supera los
dos billones de pesos, pretende hacer que la sociedad civil, que es la victima
por antonomasia de los narcoterroristas de Farc, sea proclive a una especie de reconciliación
entre hermanos, según se infiere de la manera en que está planteada la
estrategia. Perverso en grado sumo. Compatriota y hermano no es todo aquel que
nace en la misma patria que uno. El título de compatriota y hermano está sujeto
al comportamiento, al respeto por las leyes y la sociedad en la cual se
convive, a la defensa que se haga de la patria que nos une como tronco común y
al amor que se le manifieste a ella. No puedo entonces tolerar que se me invite
a reconciliarme con un asesino despiadado sin ninguna solvencia moral como el
terrorista Iván Márquez. No permito que se me equipare, en mi condición de
ciudadano colombiano respetuoso de las leyes, a un sanguinario narcotraficante
como Joaquín Gómez. No es aceptable desde ningún punto de vista, que se me
exhorte a ser capaz de perdonar a un violador, homicida y reclutador de niños
como alias “El Paisa”. Ninguno de los cabecillas de esa organización terrorista
es mi compatriota o mi hermano. Así hayan nacido en Colombia, esta caterva de
asesinos no son más que unos parias que han desangrado a su propia madre por décadas
para mantener sus lucrativos negocios, envolviendo cocaína en las hojas del manifiesto
de Carlos Marx. Mucho menos acepto que
se utilice el término reconciliación, pues nuestra sociedad no está teniendo ningún
conflicto con las Farc; aquí de lo que se trata es que esta organización narcoterrorista,
está compuesta por unos delincuentes de lesa humanidad que vejan a la sociedad
civil, ergo, ella tiene que defenderse con las armas constitucionales que legítimamente
le asisten, encargando de esa labor, a
nuestras gloriosas Fuerzas Armadas. Eso es
todo. Los problemas e inequidades
sociales en las que estos felones se escudan, son males propios de la imperfecta
humanidad y se debe trabajar en su solución de manera democrática, pacífica y
civilizada; si ellas fuesen una justificación aceptable para la violencia, el
mundo entero estaría en guerra, y quizá ya nos hubiésemos extinguido como
especie. No señores, yo no soy capaz de
tragarme semejante despropósito. He pedido, pido y seguiré pidiendo, que los crímenes
que cometa cualquier persona en el territorio de la nación, sean castigados con
la severidad que amerita, para lograr dos objetivos primarios de la política punitiva;
desestimular el crimen y aislar al criminal de la sociedad, para que no se
repita el daño causado.
La reacción de los ciudadanos del común, ha
sido contundente. El contra hashtag (por llamarlo de alguna manera)
#NoComproSoyCapaz ha superado con creces el alcance de #SoyCapaz, lo que
gratamente me dice que no soy apenas una de entre unas pocas voces que
protestan. Soy una de entre millones de voces que se oponen a las marrullas y
trapisondas del gobierno de Juan Manuel Santos. Lastimosamente, cuenta el
tiranuelo con el apoyo malhabido de los poderosos medios de comunicación,
capaces de tergiversar la verdad si el flujo de caja es suficiente. Lastimosamente, cuenta el tiranuelo con unas mayorías
parlamentarias alineadas con su perversión, quienes a cambio de unas buenas
piezas de ponqué burocrático con las que satisfacer su clientela, promoverán y
aprobarán la legislación que a él le convenga. Lastimosamente,
cuenta el tiranuelo con el apoyo de una comunidad internacional por una parte desinformada,
y por otra parte indiferente ante nuestra tragedia, indiferencia rayana en la
complicidad como es el caso de la espuria Unasur, ahora comandada por un peligroso
sujeto a quien los Estados Unidos de Norteamérica le canceló su Visa por sus vínculos
con el Cartel de Cali. Lastimosamente, todos estos actores en
sinergia, son tan capaces de defenestrar la patria con tal de alcanzar sus mezquinos
y en algunos casos, perversos objetivos personales. Esta es pues, la batalla que deberá librar la
sociedad colombiana y en este punto y hora, no puedo evitar preguntarme ¿Estaremos
a la altura del compromiso? No sobra recordar que la libertad y la democracia,
son privilegios que se deben conquistar, mantener y cuidar. Quien no los lucha,
no es merecedor de ellos.
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali
AD: Muchas compañías transnacionales le están siguiendo
el juego al gobierno ¿Qué pasaría si en sus países de origen, estuvieran
promoviendo el perdón a los terroristas? Lo que nada cuesta, hagámoslo fiesta
dice la vox populi
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