Las declaraciones, por demás insultantes de los miembros de la organización narcoterrorista Farc, en referencia a los devenires del espurio proceso de dialogo en La Habana, tienen a Colombia en un estado de consternación e indignación, similar al observado en los estertores del Caguan. Y no es para menos; si en algo se han perfeccionado estos asesinos, además de la crueldad, es en su cinismo. De manera desafiante, le comunican en un tono cuasi dictatorial a la sociedad colombiana, que lejos está el proceso de encontrarse en una recta final, además de exponer una nueva serie de argumentos en los que se basan para cada día, hacer nuevas exigencias al gobierno.
Justo cuando uno piensa que lo ha visto todo en esta negociación, tanto el gobierno como los asesinos narcoterroristas de Farc, encuentran un nuevo nivel de descaro y soberbia. Y nombro en la anterior oración al gobierno en primera instancia, porque aunque toda la culpa de los consuetudinarios crímenes con los que las Farc han vejado a nuestra sociedad recae sobre estos asesinos, es el gobierno de Juan Manuel Santos quien les ha puesto este grosero discurso en su boca. Si se examinan con total objetividad los trinos del criminal Iván Márquez, leyéndolos a través del cristal con que el gobierno Santos los ha revestido, no miente un ápice. No se me malentienda; claro estoy que ese cartel no tiene legitimidad alguna para sentarse a negociar otra cosa diferente a los términos de su sometimiento al imperio de las leyes. Con lo escrito, deseo resaltar que el más profundo daño que este tramposo y deleznable gobierno le ha hecho a nuestra dolida patria, es el de haberle devuelto a estos criminales de lesa humanidad, el manto político que tanto dolor y sangre nos había costado arrebatarles. Todos los sacrificios de nuestros valerosos héroes de las fuerzas armadas, todos los esfuerzos de una sociedad que marchó innumerables veces en contra de estos pervertidos, toda la voluntad política que los gobiernos de Andrés Pastrana y Álvaro Uribe Vélez demostraron tener para desnudarlos ante la comunidad internacional y mostrarlos tal cual son, unos vulgares, pero inmensamente ricos narcotraficantes, han quedado borrados de un plumazo. Hoy por hoy, ante los ojos de los desprevenidos extranjeros que no viven nuestra trágica realidad, las Farc son un ejército rebelde alzado en armas contra un estado opresor, que tiene todo el derecho de negociar de igual a igual con su contraparte. De ese tamaño es el boquete abierto en el casco de este buque. Este buque parece estar condenado a zozobrar.
Es más que preocupante entonces este nuevo panorama que nos presenta por una parte, el desafiante discurso fariano, y por otra parte la gran cantidad de tiempo y poder con que cuenta Juan Manuel Santos para cumplir lo que se avizoran como sus dos importantes metas, que no son otras diferentes a entregar este sufrido país al terrorismo y las mafias, y el de perseguir y pasar por el patíbulo a todo lo que, y a todo el que se considere oposición. Para tener el poder total, solo le falta ubicar a una de sus marionetas en la Procuraduría General de la Nación, al término del periodo del Doctor Ordoñez, o antes si sus maquinaciones y montajes se lo permiten. Mientras esto ocurre, la fábrica nacional de testigos seguirá en su empresa denodada para mediante el poder judicial, procesar a todo opositor que no pueda ser asesinado por las Farc; estamos ante una tenaza formada por fusiles y togas, a la que solo una sociedad organizada, convencida y adecuadamente liderada podría detener. Y ese escenario no lo veo en el futuro cercano, por eso solo me resta decir que Dios nos guarde.
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali
Ad: Si la reciente y forzada salida de la ex contralora Sandra Morelli, tratando de protegerse de las maquinaciones de la fiscalía que incluso ponían en riesgo a su familia, no convence al mundo que aquí hay persecución política, no sé qué los pueda convencer
0 comentarios:
Publicar un comentario