Es necesaria una gran dosis de
paciencia para poder asistir a la nueva realidad de Colombia sin sentirse
profundamente triste o enérgicamente malhumorado. Mientras el gobierno Santos basó toda su
campaña de reelección en utilizar la innegable necesidad de paz que tiene esta
sufrida nación y sobre esa plataforma intentar vender su vil proceso de diálogo
con la narcoterrorista Farc, esta
temible organización colaboró haciendo su papel en el sainete. Una vez
reelegido Juan Manuel Santos, vuelven a
su inicial postura que combina la arrogancia de los criminales que designaron
como negociadores en La Habana, con el recrudecimiento de las acciones
terroristas.
El cinismo mostrado por las Farc
no debe ser causa de sorpresa.
Normalmente los asesinos que producto de su constante degradación moral,
llegan al punto de sentir placer con la ejecución sus crímenes, y que además
consideran que para conquistar sus objetivos es completamente válido acabar con
media humanidad si es menester, muestran su deplorable y descompuesta condición
moral con esa cara; la del cinismo.
Nunca he considerado la posibilidad de que los cabecillas de las Farc se
hayan creído su discurso de reivindicación social y lucha por el pueblo, como
si lo consideran algunas vertientes de la opinión pública. En mi parecer,
estos temibles asesinos son de un pragmatismo extremo y saben que la
combinación de los enormes caudales de dinero que produce el negocio del
narcotráfico, con la usurpación del
discurso social y la protección de un gobierno amigo, es perfecta para acceder
al único negocio que es más rentable que el de las drogas ilícitas y la minería
ilegal; el poder.
Las Farc jamás, como ellos bien
lo confirman en sus intervenciones en los medios, han renunciado a la lucha por
la conquista del poder, pero he aquí la médula de todo este asunto. ¿El poder para qué? Según su trasnochado
discurso, que además ha servido como alijo de las famosas revoluciones del
pensamiento diferente y hasta para la famosa tercera vía – eufemismos usados para
referirse al comunismo asesino -, persiguen el poder para ejecutar en la nación
unas profundas reformas sociales que lleven a mejorar sustancialmente la
calidad de vida de los nacionales, vía repartición equitativa de la riqueza.
Muy bonita mentira.
Estas bandas de narcotraficantes
y mercenarios sin ideología alguna, llámense Farc, ELN, Bacrim, Paramilitares y
otros grupos de similar raigambre, ven en el poder el negocio perfecto. Tienen en el espejo de los Castro, los Chávez
y los Putin, la más clara referencia de cómo el poder sirve para enriquecerse
de una manera monumental con la complacencia de la pérfida comunidad
internacional, teniendo a sus connacionales divididos en dos grupos
diferenciados de personas. Por una
parte, un conglomerado de borregos que los aman como a dioses producto de la
adoctrinación continúa ejercida por las fuerzas de izquierda, y que son felices
comiendo de las migajas que caen de la mesa de los poderosos, y por otra parte,
una ciudadanía pensante que intenta oponerse pero que es doblegada por la vía
de la persecución mediática, judicial y armada. En esta marisma, sobreaguan los otros
mercenarios. Los que vendiendo sus micrófonos, sus tizas y pizarrones, sus
plumas y sus voces al régimen, disfrutan de una serie de privilegios económicos
que les serán mantenidos siempre que sean constantes y aplicados en el lamido
de la bota del dictador.
No estamos entonces descubriendo
el agua tibia. Ha pasado en todas las latitudes donde el pensamiento diferente
ha llegado al poder. Colombia,
lamentablemente está inmersa en este proceso, con dos agravantes: 1. El grupo
que pretende llegar al poder es una bandola de asesinos de la peor calaña, con
unos estándares de violencia nunca antes vistos en la historia contemporánea, y
2. Cuenta con un gobierno proclive a sus pretensiones, que les está allanando
el camino. Panorama muy oscuro el que
se avizora, grave en grado sumo y con muy pocas probabilidades de ser evadido.
De nuevo, que Dios nos bendiga
Rodrigo Gallo Lemus
@AlegreBengali
Ad: El primer paso para acorralar
a la población que pretenden gobernar, es encarcelar, desterrar o en último
caso asesinar, a quienes puedan ser los líderes de oposición. Aquí ya
empezaron.
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