Estamos a un mes
de las elecciones Presidenciales en Colombia y aunque algunos Colombianos
tristemente siguen pensando que el abstencionismo es la forma correcta de
protestar contra una administración, yo creo firmemente en que es el actuar y
no la indiferencia o el abstencionismo el que genera cambios, porque esto no es
otra cosa que permitir que otros con intenciones no tan buenas, a través de sus
maquinarias conduzcan al país por el camino que responde a sus intereses
acordes con esas intenciones.
Y aunque
históricamente nuestro país no ha sido precisamente un remanso de paz en el que
nada sucede, hoy nos encontramos frente al momento más difícil que la
democracia Colombiana haya atravesado en muchos años; las razones son múltiples
e infortunadamente confluyen todas ellas en este momento histórico, en el que
más que nunca los Colombianos debemos salir a las urnas a manifestar nuestra
posición frente a lo que actualmente vivimos como nación y al panorama que se
vislumbra a futuro, por los motivos que a continuación trataré de explicar.
Independiente de
la filiación política que tengamos, la posición de cada ciudadano de bien es
desear que mediante su voto quede elegida la opción que él considera mejor para
su país y así, todos desearíamos que el elegido fuera nuestro candidato, pues
se supone que sus ideas son una compilación de nuestros deseos y necesidades y
por eso para todos los que votamos, el ver vencido a nuestro candidato en las
urnas, nos genera un sentimiento de tristeza, que es apenas normal, pues a todo
ciudadano de bien le preocupa el futuro del lugar donde vive, trabaja, sueña y
construye con los que quiere; sin embargo, en esto consiste una democracia como
la Colombiana, en que mediante unas elecciones justas y trasparentes sea
elegida la opción escogida por una mayoría de ciudadanos que ejercen
válidamente su derecho al voto.
Es pues claro,
el papel preponderante de la trasparencia de unas elecciones para la
estabilidad de un gobierno que inevitablemente se ve reflejada en la aceptación
por parte de los ciudadanos de sus políticas y estrategias de administración.
Por ello, es natural que el periodo presidencial del actual gobierno, fuera un
periodo nefasto para el país, el sentimiento de la ciudadanía sin importar
repito, su filiación política, es que éste es un gobierno cuya bandera ha sido
la mentira y bajo esa premisa no se puede gobernar, o por lo menos no se puede
gobernar para bien de todo un país; bajo la premisa del engaño se gobierna con
el fin de satisfacer los intereses de algunos pocos, porque cuando hay que
esconder y mentir, es cuando algo no muy bueno para el interés general se pretende lograr.
Nueve millones
de votantes fueron engañados por el actual mandatario, nueve millones que
eligieron unas políticas que evidentemente se abandonaron, esa es una verdad
irrefutable y para un gran porcentaje de quienes no hicieron parte de esos
nueve millones de ciudadanos, pero que ejercieron su derecho al voto, la
traición del actual gobernante con su predecesor igual es evidente y por eso,
no creo equivocarme al decir que todos esos ciudadanos de bien que salen a las
urnas a elegir una opción democrática, pueden decir con contundencia que bajo
la mentira y la trampa, no se puede llevar por buen rumbo a un país.
Hoy las
encuestas hablan por sí solas, Juan Manuel Santos, tiene una popularidad de
alrededor del 21% y considero que ese cifra puede ser incluso inferior, le
rehúye a los debates y ni que decir de su propaganda política ofensiva para
muchos, burlona para muchos otros y cargada de un sin sentido y de mentiras que
avergüenza. Frases como: “camellito pa` todos”, “medicina pa` todos”, “chimba
de vías”, entre otras, acompañadas de la frase “ y vamos por más”, no son otra
cosa que un insulto a una sociedad que acaba de vivir el fracaso de una reforma
a la salud; que a causa de la inseguridad y terrorismo que afronta el país de
cuenta de las farc, ve como nuevamente muchos ciudadanos trabajadores son
enviados a sus casas, pues sus empleadores deben decirles – trabajo no
hay- y muchas empresas salen del país,
por falta de garantías para desarrollar sus actividades; el paro agrario
programado para el 28 de abril, no es más que el grito desesperado del campo
Colombiano, donde miles de campesinos, a los cuales el actual gobierno les ha
incumplido sus promesas, están desesperados; y para terminar con las tres
vallas a las que he aludido, no entiendo que de bueno ve el actual Presidente
candidato, en que las farc atenten contra la Vía Panamericana y otras obras de
nuestra infraestructura, que valga decir, a duras penas nos alcanza para estar
conectados, dejándolas inservibles, para miles que se valen de estas para
realizar sus actividades de sustento.
Y las vallas las
pasaríamos por alto como si fueran solo una infortunada publicidad, como lo
hemos hecho en el pasado con algunas campañas políticas que han facilitado los
chistes en reuniones sociales; pero lamentablemente estamos frente a alguien
que gobierna desde la mentira y que sus vallas no son tan infortunadas ni tan desprevenidas
como quisiéramos. Sin temor a equivocarme me atrevo a afirmar que el señor Juan
Manuel Santos no está dispuesto a pasar por mentiroso y bufón en vano; siendo
famosa su afición por el póker, es necesario advertir que trae bajo la mesa una
carta muy oscura que pronto descubriremos. Él, no renunciará a su objetivo de
reelegirse, o de dar continuidad a ese objetivo que persigue y por el cual día
a día nos miente.
Esa carta viene
directamente de la mesa de la Habana y lamentablemente como todas sus mentiras,
viene escondida para ser destapada en el momento en que el país no tenga mucho
espacio para pensar y debatir sobre la misma. Lo único que puedo decir, es que
sea lo que sea que venga desde Cuba, tiene que ser mirado por los Colombianos
desde la óptica de la desconfianza que da un mentiroso y desde ser conscientes
que una guerrilla que hasta el día de hoy vuela oleoductos, causando daños
ambientales irreparables, destruye vías, tortura y masacra seres humanos,
siembra minas antipersona las cuales hace tan solo unos días, uno de sus
representantes defendía; en unos cuantos
días o tal vez un par de meses, simplemente renuncie a seguir cometiendo tales
actos de barbarie. Tiene que ser un precio muy alto que los negociadores del
gobierno están ofreciendo como pago en la mesa de la Habana a nuestras espaldas
y ese precio tal vez esté íntimamente ligado con nuestra democracia.
No sé si esto no
sea un motivo suficiente para que todos los buenos ciudadanos nos unamos a
evitar esta trampa, a saber advertir el engaño y no ilusionarnos con una paz
que todos anhelamos, pero que desde el contexto de los personajes que la
presiden y sus actuaciones durante estos años, no nos deja otro camino que
rechazar ese canto de sirenas y acudir a las urnas para que con nuestros votos
elijamos el candidato idóneo que represente al Colombiano que cree, que es
desde el esfuerzo, el trabajo, la trasparencia y sobretodo la justicia que
lograremos tener una Colombia con una paz duradera y sostenible, el Colombiano
que con su voto rechaza el engaño del actual gobierno y su permisividad a que
los personajes con que está sentado en Cuba, nos sigan asesinando y torpedeando
lo que hemos construido, porque
libremente eligieron apartarse de la democracia y el orden social bajo el que
diariamente la mayoría de Colombianos nos despertamos y esforzamos para hacer
de ella cada día una democracia mejor.
Ana María
Cardona O.
0 comentarios:
Publicar un comentario