Sigue Juan Manuel poniendo a
prueba nuestra capacidad de asombro. A pesar de que en su desafortunado
trasegar por la Presidencia de la República, ha incurrido en los más
inenarrables actos de cinismo, una cosa si hay que reconocer en la figura de
Juan Manuel y es que siempre, infaliblemente, se supera a sí mismo. Es este
hombre, un compendio procaz de las más sucias prácticas politiqueras, que
exhibe sin pudor el culmen de su cutrería, al llamar fascistas a un grupo de
jóvenes caucanos que, vestidos de negro significando luto, lo abuchearon
recientemente en la ciudad de Popayán.
Y digo que es un acto cutre,
porque es completamente claro que un hombre del nivel educativo de Juan Manuel
no incurriría en tan atroz señalamiento por simple ignorancia o confusión
conceptual. Cada palabra que de su boca
sale, atendiendo a su natural condición de
enano ético, obedece a un torcido cálculo político y es espetada como si
se tratara de un chorro de veneno, propio de una cobra. Cobra vil, que es azuzada por un avezado
herpetólogo que funge como su asesor de imagen y que casualmente, viste de negro.
Curiosa coincidencia cromática.
El país de a pie, representado en
esta ocasión por estos valientes jóvenes, ha comenzado a despertar, y
comprendiendo las consecuencias del proyecto reeleccionista de Juan Manuel, ha
logrado vencer la apatía y haciendo uso de legítimos símbolos, como en este
caso vestir de luto por la cantidad de muertos que ha cobrado el embeleco de La
Habana, ha hecho de la protesta enérgica pero pacifica, una interesante forma de manifestar su inconformismo por la manera en que Juan Manuel, pasa una
aplanadora por encima de los intereses de la patria, y tiene a la
narcoterrorista Farc, ad portas de pasar impunemente, de verdugos y
victimarios, a gobernantes y legisladores, guardianes del canon moral del
país. Si leerlo le parece un exabrupto,
imagínese usted lo que será vivirlo.
Haciendo gala de sus cada vez más
evidentes puntos de concordancia con el dictador Nicolás Maduro, tilda de
fascistas y neonazis a quienes disienten de su gobierno, y utiliza innecesaria
y desmedidamente la fuerza en contra de los colombianos. Para el caso que nos
asiste, pretendió Juan Manuel, hacer
apresar a los jóvenes que lo abucheaban. Afortunadamente desistió de tal
esperpento, pero hizo sentir su halo de dictadorcillo en cocción, confiscando
arbitrariamente las inofensivas pancartas que portaban los luctuosos.
Un gobierno dirigido por un
verdadero demócrata, hubiese disuelto la protesta dando la cara y confrontando
argumentalmente a quienes hiciesen uso legítimo de su derecho al disenso. ¿Qué
de peligroso, pregunto yo, puede tener un grupo de adoloridos e indignados
jóvenes que portando ropa de luto y pancartas, abuchean a un mandatario? Creo
que además de sus cálculos, la consciencia de su propia ilegitimidad y felonía
es lo que hace que Juan Manuel, reaccione de manera tan excesiva, rayana en el
patetismo. Relacionar el luto con el
fascismo, y a tres bandas, tratar de adjudicar la dirección de este espontaneo
grupo juvenil a su principal opositor solo obedece a una de dos explicaciones
racionales: O tal razonamiento se gesta en la mente de un soberano imbécil, o
se produce como una puntada más en la mortaja que Juan Manuel está
confeccionando para la democracia colombiana. Apuesto mi reino y mi cabeza, a
la segunda opción.
El luto no es fascismo mi despreciable
Juan Manuel. El luto es la condición natural en la que está inmersa esta
sufrida sociedad, gracias a los despiadados verdugos con los cuales se encuentra
jugando al póquer en Cuba. Si usted con
sus declaraciones quiere posar de idiota, bien pueda, pero no vaya a creer que
este valiente pueblo lo es.
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali
Ad: Ilustra muy bien la
situación, el acertado trino de @cmbustamante “Un país que ya no puede ni
llorar sus muertos, porque el luto es fascismo, esta ad portas de una histórica
represión. #LutoNoEsFascismo”
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