jueves, 20 de febrero de 2014

OIDO A LOS CAMPANAZOS


Es completamente necesario que los colombianos dediquemos un poco de nuestro tiempo para analizar detenidamente los sucesos que están en pleno desarrollo en nuestra vecina y hermana Venezuela. Irremediablemente, el destino de los países latinoamericanos ha estado siempre ligado y siempre vectorizado por la profunda hermandad cultural e histórica de los países que ella contiene. Es un craso error, hacer caso omiso de lo que en estos momentos está acaeciendo en la patria de Bolívar, por cuanto es el espejo donde podremos observar el futuro de Colombia.

La corrupción, transversal a todos los problemas de una nación, y que en Venezuela tomó proporciones catedralicias en los años 90, produjo un hastío generalizado  entre sus nacionales, y los llevo a recurrir a “soluciones” desesperadas.  Un demagogo golpista como Hugo Chávez Frías, fue irresponsablemente indultado por el Presidente Caldera, presumiblemente atendiendo a su interés particular de captar la votación de los sectores de izquierda. En consecuencia, se le otorgo el derecho de participación política a un hombre que había demostrado con suficiencia su talante antidemocrático, manifestado en la pretensión de imponer su visión de país por la fuerza de las armas.  A sangre y fuego pretendió el entonces coronel Chávez, desconocer las instituciones democráticas y acceder ilegitimamente al poder. Primer campanazo.

Al verse restablecido en su derecho a la participación política, y sin renunciar a su motivación primera, hizo uso de la más perversa demagogia e indujo a engaño a los venezolanos, haciéndose elegir Presidente de la República por las vías democráticas, que como es por nosotros conocido, a partir de ese nefasto momento, fueron enterradas en un funeral de quinta categoría, atendiendo a lo que podríamos llamar, el manual del moderno golpista. Lo que ha venido sucediendo en Venezuela los últimos años es la consecuencia de una tremenda irresponsabilidad política, por parte de un gobernante en primera instancia, y por parte de la población en segunda.  Hoy día, el despertar de esa nación, pasados 15 años, está siendo liderado por el estudiantado que ha comprendido su compromiso con su patria, pero que al carecer del apoyo de los países latinoamericanos, gobernados en su mayoría por unos miserables dictadorzuelos amordazados por la chequera de PDVSA, se están convirtiendo en carne de cañón de sus propias y por supuesto cooptadas fuerzas armadas. De frente y sin pudor, el dictador Maduro está alimentando con sangre de adolescentes su tiranía. Segundo campanazo.

En Colombia, reviste gravedad el hecho que la población no se esté dando cuenta, que está en ciernes la comisión de una irresponsabilidad política y un absurdo moral, idéntico al que gestó la tragedia venezolana. Un Presidente de la Republica, está queriendo otorgar el derecho de participación política a los más sangrientos criminales que haya conocido el mundo, abusando del anhelo de paz de sus gobernados, haciendo uso de la misma perversa demagogia chavista, y amordazando a sus probables contradictores, algunos vía chequera y otros vía persecución judicial y electoral.  No es posible que nos hagamos ciegos ante lo que se gesta en contra de esta patria.

Si hoy, los colombianos no reaccionamos y corregimos el rumbo cuando aún estamos a tiempo,  si no entendemos que las próximas elecciones son quizá la última vía democrática que nos queda, recorreremos irremediablemente el camino que está recorriendo nuestra hermana, y serán nuestros hijos y nietos, quienes con su sangre, alimentarán la dictadura fariana de corte castrochavista, que Juan Manuel Santos y los amigos de la “paz” están cocinando para Colombia, en la isla – prisión regentada por los Castro. Palabras más, palabras menos, querido compatriota, usted, hoy, será el responsable del destino de las próximas generaciones, que según su actuar en las urnas, será una generación libre, o una triste masa de esclavos a disposición de un ignoto, pero seguro dictador.

Rodrigo Gallo Lemus
@AlegreBengali


Ad: El Presidente Santos  y su pusilánime Canciller, guardan criminal silencio ante los hechos, pues precisamente ellos, son los gestores de la “venezolanización” de Colombia

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