Merced a uno de esos tantos contrasentidos a los que nos hemos visto
sometidos históricamente, quizá propiciados por nosotros mismos como sociedad,
quizá impuestos por las volteretas de saltimbanqui, propias de nuestros tristemente
celebres gobernantes, recaló en el segundo cargo de elección popular de nuestro
país, un arlequín anarquista. Defínese el anarquista, como el cultor de una filosofía que se opone al Estado entendido
como gobierno, y por extensión, de toda
autoridad, jerarquía o control social
que se imponga al individuo, por considerarlas indeseables, innecesarias y
nocivas.
No
está lejos entonces el señor Gustavo Petro, de esta definición. Su
consuetudinario comportamiento lo confirma.
Y digo contrasentido, porque se vale precisamente, de una condición de
autoridad popular, para imponer su propia concepción, por encima incluso, del
mismo bienestar social de sus gobernados, y pretendiendo estar por encima de la
ley, a la que desprecia profundamente.
Claro, es un anarquista acomodado, pues reconoce que es la suya propia,
una autoridad irrebatible, llegando incluso a creerse la encarnación nacional
de los conceptos de democracia y paz. No
de otra forma se explica, el porqué es tan insistente su discurso, en el
sentido de que una decisión que implica su destitución e inhabilidad, se
convierte en un ataque directo a la democracia y a la paz.
El
señor Petro, además, en ejercicio de esa anarquía selectiva, se ha valido de
toda clase de recursos, que si bien, pueden considerarse legales, no son más
que la perversa interpretación torcida, que su mente criminal, le da al
ordenamiento jurídico colombiano. Es cuando menos incoherente, que un ciudadano
cambie tanto de rasero valorativo, para despreciar en unas oportunidades, y
hacer uso desmedido en otras, de la institucionalidad del país. Cualquier parroquiano con las entendederas
medianamente abiertas, puede concluir sin equivocarse - en mi concepto - que lo
único que busca el terrorista indultado, es utilizar cínicamente nuestro estado
de derecho, que él mismo desprecia, para atornillarse a ese poder político que
le significa el cargo.
La
mayor tragedia que le ha traído este arlequín a la ciudad de Bogotá, es que se
está disputando a dentelladas su permanencia como administrador de la misma,
pero no porque la ciudad le importe, ni porque lo mueva una vocación de
servicio, sino por el trampolín político que le significa el título, así lo
ostente malgobernando a los capitalinos. En concordancia con lo anterior, no es
en definitiva la destitución lo que le preocupa a Petro. Ha demostrado que no
le importa cuánto pierda la ciudad en esta tortuosa procesión, en la que él y
sus áulicos, han convertido un simple, llano y justo proceso
disciplinario. Lo que en realidad le preocupa
al arlequín, es la imposición de una larga inhabilidad, que le llega en un
momento donde aun el socialismo turbio y tramposo que pretenden imponer sus
aliados no se ha consolidado – a Dios gracias – y que lo deja fuera de la
carrera por obtener la posición política que obsesivamente desea, la cual no es
otra que la Presidencia de la República.
Y que peligro significa para la nación esta obsesión, pues lo único que
puede desarrollar un anarquista al llegar a obtener el máximo poder, es un
totalitarismo que destruya por completo el estado de derecho, al cual, y repito
insistentemente, el terrorista indultado desprecia profundamente.
Esta
tragicomedia protagonizada por el arlequín anarquista, es simplemente el guión
que automáticamente escribe la impunidad en la sociedad. Es importante
comprenderlo. Cuando un criminal es sujeto del obsequio
del perdón, que incluso ni siquiera se ha dignado pedir, y burla olímpicamente
a toda una nación, se ve investido de un halo que lo lleva a creer que la
sociedad le pertenece por victoria y por derecho. Y ad portas estamos de producir
otros Petros en La Habana.
Rodrigo
Gallo Lemus
@AlegreBengali
Ad: Observen ciudadanos el comportamiento del
Alcalde Mayor de Bogotá, y tomen nota, porque ese mismo, será el comportamiento
de Timo, Márquez, y otros farianos mas, cuando siendo Senadores, continúen
narcotraficando y asesinando colombianos, y la sociedad pretenda juzgarlos.
Es realmente triste y preocupante la situación actual de nuestro país. Petro es realmente un dictador, un hombre soberbio al extremo y esa es la característica de los mal llamados izquierdistas o comunistas . Son sencillamente dictadores y cuando se ha visto un jefe comunista pobre. Pobre el miserable pueblo que muere engañado. Estoy completamente de acuerdo eso es lo que nos espera tan pronto se firma la paz. La situación en que nos encontramos es demasiado complicada y creo que Colombia no ha comprendido la gravedad de lo que sucede. Magnífico artículo
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