Como era de esperarse, el Presidente Juan Manuel Santos, oficializó ante la
Registraduría Nacional del Estado Civil, su intención de aspirar a la
reelección, y con ello, si bien la campaña no ha comenzado aún, dio el primer
paso en el proceso electoral más importante para las Farc, en estos tortuosos
años de su existencia. Utilizando una de las frases preferidas por el señor
Santos, las Farc están, como nunca antes en la historia, cerca de la toma del estado.
Es claro, que este tenebroso cartel del narcotráfico entendió, que por la
vía de las armas, es un imposible pretender tomarse el poder en nuestra
república, pues son varios los vectores que hacen de esa pretensión, una
completa locura. Las Farc son una
organización terrorista, cuyas estructuras migraron tiempo ha, de lo militar e ideológico, a lo criminal y
económico. De tal forma, no son una
fuerza que sea capaz de deponer a un
gobierno legítimamente establecido, y a lo anterior se suma, que no pueden pretender
posar, como un grupo rebelde, que esta alzado en armas en contra de un estado
represor, pues si algo ha sido esta patria, es una, aunque imperfecta, muy
respetable democracia. Así las cosas, no
hay razón valedera, para que un
grupúsculo pretenda imponer una plataforma ideológica (si es que aún les queda rezago)
por la fuerza de las armas, cuando en la
sociedad civil existen todas las garantías para conquistar al ciudadano y
hacerse elegir como opción de poder. Es más, hacerlo configura un doble crimen. En categórico y resumido castellano, las Farc
son un cartel narcoterrorista sin capacidad militar de derrocamiento y sin ningún
apoyo popular.
Otro vector que incide, y de qué manera, es que en el presente ordenamiento
político mundial, el derrocamiento armado de un gobierno democrático, no va a
contar con el apoyo de la comunidad internacional, y como no, si hoy no somos, el conglomerado
de aldeas de los años 50 y 60, donde toda clase de atropellos contra la
democracia, eran ignorados, cuando no aupados, por gobiernos extranjeros, sin
que la sociedad civil global se enterara. Entonces, he aquí, que
desafortunadamente para nuestro país, tenemos enquistada una mafia armada desde
hace casi cinco décadas, que siendo todo lo crueles, despiadados y sanguinarios
que son, también son tan hábiles, y cuentan con tantos seudo – intelectuales fungiendo como prohijadores, que es claro que
se han sabido preparar, para las nuevas maneras de triturar la democracia.
En vista de su incapacidad militar, para derrotar en el campo de batalla a
las heroicas Fuerzas Armadas, han infiltrado nuestro propio aparato judicial,
para, desde ahí, diezmar a los legítimos combatientes. Hoy en día, hay más
policías y militares judicializados, que integrantes de bandas criminales y
carteles del narcotráfico. Si, así como lo acaba de leer. Con el mismo interés, han permeado de tal
forma la clase política, que hoy es paisaje común, ver dirigentes que justifican
el actuar criminal de los terroristas.
Observamos pasmados, a quienes, posando de prestantes líderes políticos,
son incapaces de condenar los múltiples actos de barbarie cometidos por las Farc,
pero son, en extremo diligentes, para poner en la picota pública al estado,
casi siempre, con base en supuestos.
Conocedores ellos, los terroristas, que la trituradora necesita del engranaje
mediático, han puesto a algunos de sus importantes cuadros, al frente de
asociaciones campesinas, al frente de ONG’s y al frente de micrófonos y plumas. Poco a poco, casi que con sutileza, los
medios de comunicación, movidos por diferentes combustibles, han echado a andar
el “lenguaje de la paz”. Es una
estrategia tan sencilla como efectiva.
Simplemente se trata de dividir a la opinión pública en dos bandos. Los
amigos y los enemigos de la paz. Del
lado de los amigos, arrogándose una connotación semántica positiva, se conforma un club del mutuo elogio, y son
prolijos a la hora de dedicarse calificativos como, facilitador de paz,
analista político, organismo garante, defensor de derechos humanos, etc… Por
supuesto, quienes defendemos la institucionalidad y el imperio de la ley, somos
etiquetados, con la correspondiente connotación semántica negativa, como el
bando de los guerreristas, de los enemigos de la paz y somos objeto de una inconmensurable
variedad de epítetos. Pero no se quedan ahí, si sólo fuese lenguaje… Ya vimos
cómo el grupo narcoterrorista, planea atentados contra la vida del Presidente
Uribe y del Dr Francisco Santos, y cómo el gobierno cómplice, calla, desvirtúa,
disipa. Otros, más perversos aún, llegan
a justificarlos, diciendo sandeces como “Entiendo que las Farc quieran atentar
contra el Presidente Uribe” ¿Que quién
dijo eso? El bandido mayor mi estimado lector, sí, ese. Y recuerde querido
colombiano que el Presidente de Ecuador,
Rafael Correa, el mismo que aparece mencionado en los computadores de Raúl
Reyes, no mas esta semana, lo ha llamado a usted sicópata, estando presente su
Presidente Santos, quien no pudo ocultar una mordaz sonrisa de satisfacción.
Este es el escenario en el que se configura el punto de inflexión que
significan las elecciones parlamentarias y presidenciales de 2014. Los “amigos
de la paz” saben de la importancia de este proceso y ya le empezaron a poner múltiples
talanqueras a la libre expresión ciudadana. Se sienten amenazados con la presencia
de una cara en un logo-símbolo. Se perturban ante la posibilidad de que un
apellido, sea el nombre de un naciente partido político. Se muestran proclives
a cumplir rápidamente la ley que obliga
a Colombia, a migrar al sistema electrónico de votación. No se trata de ser anticuado, o de burlar la
ley, pero hay procesos en los que lo
tangible, es también imprescindible, y este es uno de ellos; el voto debe ser
físico, no lo podemos confiar a una serie manipulable de unos y ceros. Dice una triste sentencia, que las
elecciones, las gana quien cuenta los votos. Con una reluciente SmartMatic, los
“amigos de la paz” pueden convertir esa
sentencia en su verdad, y cobijar con un manto de falsa legitimidad, la
instauración de una dictadura de corte castro-chavista como la que padece
nuestra hermana Venezuela. Compatriota y estimado demócrata ¿Va usted a
permitir que esto le suceda a Colombia?
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali
Ad: Vox Populi, Vox Dei; en
eso pienso cuando escucho “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente” Y
la corriente no es otra que el castro- chavismo; ¡pilas camarón!
Fotografía tomada de www.Las2orillas.com
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