martes, 26 de noviembre de 2013

DE PRONTO USTEDES HAN OÍDO ESTA HISTORIA

De pronto ustedes han oído esta Historia…

En un pueblo lejano, vivía una familia buena y trabajadora, la cual, con mucho esfuerzo, tenia para su subsistencia una tienda de abarrotes en la planta baja de su vivienda. En el transcurso de sus vidas, una banda de delincuentes de manera sistemática, atracaba la tienda, les robaba el dinero, los víveres, los extorsionaba, y le pegaba al dueño, a su mujer y a sus hijos.

En uno de sus acostumbrados robos, el hijo mayor de la familia trato de defenderse de los atracadores, pero estos, con el poder de sus armas, lo redujeron, y de manera vil y a quema ropa, lo asesinaron con un tiro de gracia, cosa muy grave, ya que la familia paso, de sentir el miedo a los robos, a sufrir físico terror por los asesinatos. Por aquel entonces, la policía no era suficiente para prestarle seguridad a todo el pueblo; el tendero decidió entonces, contratar seguridad privada. Durante un tiempo funciono de maravilla y ahuyentaron la banda de atracadores; la familia tuvo unos años de alivio relativo porque de todas formas,  de vez en cuando, la banda de delincuentes se hacía notar.  La tienda incremento sus ventas y sus ganancias, pasando a ser un supermercado. Pasado un tiempo, miembros de la seguridad privada, al ver la riqueza que la familia estaba generando, de manera sorpresiva, comenzaron a robar el supermercado, a vejar a los hijos del dueño, a su esposa y a él mismo, de igual o peor manera que la banda terrorista. El supermercado siempre había contado con un gerente general, pero estos habían sido siempre ineficientes y uno que otro, por miedo, o por corrupción, terminaban asociándose con los delincuentes.

Esta vez, el dueño, desesperado al ver la situación, decidió contratar los servicios de un nuevo gerente, que fuera capaz de manejar la seguridad del establecimiento y a su vez hacer crecer el patrimonio familiar, o si no, habría que cerrarlo definitivamente pues era considerado un supermercado fallido. Para el puesto se acercaron muchos aspirantes y después de revisar muy bien sus hojas de vida, la familia en pleno, contrato al Sr. Álvaro como gerente general del supermercado.

En el primer año el Sr. Álvaro hablo con la policía del pueblo y les exigió más vigilancia, y en contraprestación, dedico un rubro significativo para dotarlos con radioteléfonos y armas, para así, hacerlos más eficientes. De la misma manera, no solo despidió la seguridad privada, sino que en trabajo conjunto con los policías y encarcelo a los dueños de la empresa de seguridad. Fueron 8 años durante los cuales, la familia vivía mucho mejor, los atracos a la tienda disminuyeron sustancialmente, los vejámenes a sus hijos y a su esposa no pasaban de amenazas, y  la banda de atracadores, ahora delinquía a las afueras del pueblo, ya que la policía, con las dotaciones nuevas y con el respaldo total del gerente general,  había logrado ahuyentarlos. El supermercado prospero tanto, que se volvió el más grande de la región, donde no solo le vendían a la gente del pueblo, sino que también despachaban y surtían tiendas de pueblos vecinos. De la misma manera gente de otros pueblos, buscaban a la familia para hacer nuevos negocios con ellos.

Pasados 8 años el dueño del ya Gran Supermercado, llamo al gerente y le dio las gracias por todo lo que él había hecho por ellos, y que por el arduo trabajo realizado, y al ver que ya estaba casi estaba controlada la seguridad, tanto que ya no se acordaban del último gran robo, la familia había decidido jubilarlo y remplazarlo por otro gerente, ojala de sus mismas condiciones, y que si él sabía de alguien, por favor se los hiciera saber.  El Sr. Álvaro,  les presento a su antiguo ayudante, el Sr. Juan quien otrora, era el que se encargaba de coordinar con la Policía el horario de vigilancia. La familia quedo complacida al escuchar a Juan, diciendo que era la viva imagen de su maestro Álvaro y que las cosas en el supermercado iban a ser igual, o mejor que en la gerencia del Sr. Álvaro, y que además de toda esta belleza, tenía un plan para acabar de una vez y por todas, con la banda de atracadores que aunque casi exterminada siempre acechaba peligrosamente de vez en cuando.

Y así fue durante el primer mes como gerente general del supermercado, pero de manera sorpresiva, habló con los dueños del supermercado y les dijo que tenía la llave maestra para acabar con la banda de delincuentes y así la familia podía vivir en paz, y que si de pronto, algo salía mal,  solo él  sufriría las consecuencias, pero al supermercado no le pasaría nada. Al día siguiente, la familia horrorizada vio que el plan magistral del Sr. gerente Juan, era convertir en socios del supermercado a los cabecillas de la Banda, y a los subalternos, contratarlos como seguridad de la tienda, pero que para ello necesitaba que la familia cediera en ciertas condiciones; una de esta era que el supermercado debía reducir el pago que se le hacía a la Policía para vigilancia, con la consecuente reducción de patrullajes, ya que la seguridad estaba garantizada por los socios. La otra, era que ellos, en conjunto con el dueño, manejarían las cuentas de los bancos para disponer y asignar los gastos del supermercado; que los suministros a otros pueblos así como las inversiones debían revisarse y dar ellos el visto bueno, y que en contraprestación, los nuevos socios no volverían a robar el supermercado, ni a pegarle a sus hijos, ni a su mujer y mucho menos a él. Eso, si todo se cumplía, porque hay que reconocer, decía el Sr. Juan, “que de que van a vivir estos señores si no se les cumple”; ah y también le pedirían perdón por el hijo que les asesinaron, aunque no nos hagamos muchas ilusiones con esto, decía el Sr. Juan, ya que la banda dice que usted tuvo la culpa por no controlarlo y que quizá sería mejor, que contrataran un tercero que investigara y le dijera a la familia, de quién había sido la culpa.

Ante tamaño negociazo y ante la presión de la familia, el Sr. Juan todos los días va a la casa de los dueños del Gran Supermercado y les dice que todo va de maravilla y que ya casi estrenan nuevos socios; que es lo mejor que les puede pasar, que no tienen que pensar en su hijo asesinado ni en los robos y vejámenes anteriores, sino en los futuros que vendrán, si no los hacemos socios. Es tal la presión por parte del Sr. Juan, que la familia no sabe qué hacer, ya que aterrorizados con un futuro asesinato de sus miembros, uno que otro quiere entregarle el supermercado a la banda de atracadores, aunque la mayoría, no se conforma y llama a gritos al antiguo gerente el Sr. Álvaro para que les dé una ayudadita. Se dieron cuenta que el único gerente que les había dado tranquilidad era él.

Mario Gallo

@Setulus1

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