De pronto ustedes han oído esta Historia…
En un pueblo lejano, vivía una familia buena y trabajadora, la cual, con
mucho esfuerzo, tenia para su subsistencia una tienda de abarrotes en la planta
baja de su vivienda. En el transcurso de sus vidas, una banda de delincuentes
de manera sistemática, atracaba la tienda, les robaba el dinero, los víveres,
los extorsionaba, y le pegaba al dueño, a su mujer y a sus hijos.
En uno de sus acostumbrados robos, el hijo mayor de la familia trato de
defenderse de los atracadores, pero estos, con el poder de sus armas, lo
redujeron, y de manera vil y a quema ropa, lo asesinaron con un tiro de gracia,
cosa muy grave, ya que la familia paso, de sentir el miedo a los robos, a
sufrir físico terror por los asesinatos. Por aquel entonces, la policía no era
suficiente para prestarle seguridad a todo el pueblo; el tendero decidió
entonces, contratar seguridad privada. Durante un tiempo funciono de maravilla
y ahuyentaron la banda de atracadores; la familia tuvo unos años de alivio
relativo porque de todas formas, de vez
en cuando, la banda de delincuentes se hacía notar. La tienda incremento sus ventas y sus
ganancias, pasando a ser un supermercado. Pasado un tiempo, miembros de la
seguridad privada, al ver la riqueza que la familia estaba generando, de manera
sorpresiva, comenzaron a robar el supermercado, a vejar a los hijos del dueño,
a su esposa y a él mismo, de igual o peor manera que la banda terrorista. El
supermercado siempre había contado con un gerente general, pero estos habían
sido siempre ineficientes y uno que otro, por miedo, o por corrupción, terminaban
asociándose con los delincuentes.
Esta vez, el dueño, desesperado al ver la situación, decidió contratar
los servicios de un nuevo gerente, que fuera capaz de manejar la seguridad del
establecimiento y a su vez hacer crecer el patrimonio familiar, o si no, habría
que cerrarlo definitivamente pues era considerado un supermercado fallido. Para
el puesto se acercaron muchos aspirantes y después de revisar muy bien sus
hojas de vida, la familia en pleno, contrato al Sr. Álvaro como gerente general
del supermercado.
En el primer año el Sr. Álvaro hablo con la policía del pueblo y les
exigió más vigilancia, y en contraprestación, dedico un rubro significativo
para dotarlos con radioteléfonos y armas, para así, hacerlos más eficientes. De
la misma manera, no solo despidió la seguridad privada, sino que en trabajo conjunto
con los policías y encarcelo a los dueños de la empresa de seguridad. Fueron 8
años durante los cuales, la familia vivía mucho mejor, los atracos a la tienda
disminuyeron sustancialmente, los vejámenes a sus hijos y a su esposa no
pasaban de amenazas, y la banda de
atracadores, ahora delinquía a las afueras del pueblo, ya que la policía, con
las dotaciones nuevas y con el respaldo total del gerente general, había logrado ahuyentarlos. El supermercado
prospero tanto, que se volvió el más grande de la región, donde no solo le
vendían a la gente del pueblo, sino que también despachaban y surtían tiendas
de pueblos vecinos. De la misma manera gente de otros pueblos, buscaban a la
familia para hacer nuevos negocios con ellos.
Pasados 8 años el dueño del ya Gran Supermercado, llamo al gerente y le
dio las gracias por todo lo que él había hecho por ellos, y que por el arduo
trabajo realizado, y al ver que ya estaba casi estaba controlada la seguridad,
tanto que ya no se acordaban del último gran robo, la familia había decidido
jubilarlo y remplazarlo por otro gerente, ojala de sus mismas condiciones, y
que si él sabía de alguien, por favor se los hiciera saber. El Sr. Álvaro, les presento a su antiguo ayudante, el Sr.
Juan quien otrora, era el que se encargaba de coordinar con la Policía el horario
de vigilancia. La familia quedo complacida al escuchar a Juan, diciendo que era
la viva imagen de su maestro Álvaro y que las cosas en el supermercado iban a
ser igual, o mejor que en la gerencia del Sr. Álvaro, y que además de toda esta
belleza, tenía un plan para acabar de una vez y por todas, con la banda de
atracadores que aunque casi exterminada siempre acechaba peligrosamente de vez
en cuando.
Y así fue durante el primer mes como gerente general del supermercado,
pero de manera sorpresiva, habló con los dueños del supermercado y les dijo que
tenía la llave maestra para acabar con la banda de delincuentes y así la
familia podía vivir en paz, y que si de pronto, algo salía mal, solo él
sufriría las consecuencias, pero al supermercado no le pasaría nada. Al
día siguiente, la familia horrorizada vio que el plan magistral del Sr. gerente
Juan, era convertir en socios del supermercado a los cabecillas de la Banda, y
a los subalternos, contratarlos como seguridad de la tienda, pero que para ello
necesitaba que la familia cediera en ciertas condiciones; una de esta era que
el supermercado debía reducir el pago que se le hacía a la Policía para
vigilancia, con la consecuente reducción de patrullajes, ya que la seguridad estaba
garantizada por los socios. La otra, era que ellos, en conjunto con el dueño,
manejarían las cuentas de los bancos para disponer y asignar los gastos del
supermercado; que los suministros a otros pueblos así como las inversiones
debían revisarse y dar ellos el visto bueno, y que en contraprestación, los
nuevos socios no volverían a robar el supermercado, ni a pegarle a sus hijos, ni
a su mujer y mucho menos a él. Eso, si todo se cumplía, porque hay que
reconocer, decía el Sr. Juan, “que de que van a vivir estos señores si no se
les cumple”; ah y también le pedirían perdón por el hijo que les asesinaron,
aunque no nos hagamos muchas ilusiones con esto, decía el Sr. Juan, ya que la
banda dice que usted tuvo la culpa por no controlarlo y que quizá sería mejor,
que contrataran un tercero que investigara y le dijera a la familia, de quién había
sido la culpa.
Ante tamaño negociazo y ante la presión de la familia, el Sr. Juan todos
los días va a la casa de los dueños del Gran Supermercado y les dice que todo
va de maravilla y que ya casi estrenan nuevos socios; que es lo mejor que les
puede pasar, que no tienen que pensar en su hijo asesinado ni en los robos y
vejámenes anteriores, sino en los futuros que vendrán, si no los hacemos
socios. Es tal la presión por parte del Sr. Juan, que la familia no sabe qué
hacer, ya que aterrorizados con un futuro asesinato de sus miembros, uno que
otro quiere entregarle el supermercado a la banda de atracadores, aunque la
mayoría, no se conforma y llama a gritos al antiguo gerente el Sr. Álvaro para
que les dé una ayudadita. Se dieron cuenta que el único gerente que les había
dado tranquilidad era él.
Mario Gallo
@Setulus1
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