El pueblo que genialmente concibió
nuestro único premio Nobel, donde se desarrolla la historia más fantástica de
la literatura universal, cobra más
vigencia que nunca en su encarnación nacional. Tan profundamente arraigado esta Macondo en la
cultura colombiana que es de usanza la palabra “macondiano” para referirse a algún
suceso o hecho inverosímil, fantástico e incluso ridículo.
Y si analizamos los muchos y
sustanciosos hechos que se producen en Colombia no hay otra vía sino reconocer
que Macondo si existe.
Solo en Macondo puede suceder que un ciudadano extranjero
pueda sin sonrojo alguno acusar de asesino a un expresidente de la república y
que el presidente en ejercicio tome el camino de apegarse al infantil y clásico
“El enemigo de mi enemigo es mi amigo”.
Y es muy macondiano que además de
no salir en cortés pero enérgica defensa de los dignatarios nacionales el
presidente en ejercicio responda con una leve e indigna mención en una
red social. Mas que un líder de una nación
democrática, el presidente Santos reacciona ante los demás como un muchachito
acobardado. Triste y esmirriado líder tenemos, máxime cuando demuestra todo su poder atacando
a sus gobernados que se atrevan a controvertirlo.
Porque a renglón seguido, solo en
Macondo puede suceder, que cuando otro expresidente se solidariza con el
dignatario ofendido y emite una sensata carta al presidente en ejercicio
solicitando su pronunciamiento ante tal despropósito, la respuesta del triste y
esmirriado líder sea ordenar soterradamente una investigación al crítico.
Y es muy macondiano que el mismo
triste y esmirriado líder, en ejercicio de la más absoluta imbecilidad o del mas
catedralicio cinismo, piense que los
mejores aliados en su estúpida causa sean el dictador castrochavista Nicolás
Maduro y el señalado expresidente Samper
a quien decidió revivir políticamente entregándole la clientela de su gobierno,
Solo en Macondo pasa que un
presidente en ejercicio que tenía todo para llevar a su pueblo por el buen
camino decida que es mejor entregarle el país al terrorismo con el sofisma, “Made
In Fecode”, de la paz.
Despierte Señor Presidente de
Macondo, la paz se consigue por otros caminos como la protección del imperio de
la ley, el trabajo denodado por cerrar la brecha económica entre unos y otros, en la real y necesaria protección al campesino. Busque y vera que hay otros
caminos, pero habiendo tantos, usted triste y esmirriado líder escogió el único equivocado.
Le está entregando el país a un cruel y millonario cartel del narcotráfico,
para que Macondo deje de ser Macondo que algo de digno encanto conserva aún y
se convierta en Cubazuela o como sea que
un literato quiera llamar a la nueva sociedad
que usted y la extrema izquierda sueñan, donde por fin junto a su hermano Enrique,
Piedad, Iván, Eduardo, Gustavo, Guille y otros privilegiados puedan lucir Armani,
Rolex, Louis Vuitton y comprar muchos pero muchos Sukhoi, con su respectiva comisión
eso si, diciendo con orgullo que luchan por doña María, la que si desayuna no
almuerza.
Ad: Solo en Macondo, un lagarto
escribe poesía
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