Es una frase que sintetiza lo que le interesa difundir a
algunos sectores de la sociedad colombiana para justificar ciertos
comportamientos que conduzcan al favorecimiento de sus intereses particulares.
No es una coincidencia que en estos momentos álgidos la
figura del presidente Álvaro Uribe Vélez sea el blanco de los más diversos
ataques. Es una estrategia planificada
por un eje conformado por sectores disimiles pero que persiguen unos fines
comunes. Desde el gobierno,
soterradamente lo han tratado de rufián de esquina, palo en la rueda, mano
negra y otra serie de calificativos para tratar de visibilizarlo como el
enemigo de la paz. Así que veamos, de
que cosas tiene la culpa Uribe.
Uribe tiene la culpa de demostrar que es completamente
posible combatir un terrorismo falsamente escudado en la innegable falta de equidad
social de Colombia. Ese terrorismo creyó
durante muchos años que nadie iba a tener la voluntad política de atacarlos de
frente y sin miramientos en todos sus ángulos. Y llego Uribe que no solo los
ataco militarmente sino que les arrebato la capa política que usurpaban y los
mostró ante la comunidad internacional en su real dimensión. De esa manera, se convirtió en el mortal
enemigo de los terroristas y sus defensores.
Es tal el odio que despierta que para algunos destacados representantes
de la izquierda, amenazar con demandar a
Uribe se les convirtió en hábito.
Pero además Uribe tiene la culpa de abrir los ojos de una
sociedad conformista y sumisa que creía que al gobierno no se le podía exigir
resultados. Antes de Uribe, el grueso de la sociedad colombiana aceptaba
cualquier cosa de su gobierno. Aceptó
que Gaviria custodiara a Pablo Escobar en un hotel de cinco estrellas y le
diera connotación política al hecho. Aceptó que Samper fuera descaradamente
financiado por el Cartel de Cali y que la justicia dejara impune al gobierno
mas espurio de la historia reciente de Colombia. Aceptó que el sanguinario
Tirofijo montara en la presidencia a un político que no tenía ni la capacidad
ni el carácter necesarios para conducir un país tan lleno de problemas como en
nuestro. Y llegó al colmo de la sumisión al permitir que por la más alta
dignidad de la república compitieran dos mediocres. Tener que elegir entre
Pastrana y Serpa fue trágico si lo vemos en retrospectiva. Fue como tener que elegir entre Ibuprofeno y
Acetaminofén para tratar un cáncer de medula ósea.
Después de Uribe, la sociedad se convenció de la necesidad
de protestar ante los incapaces, porque la extraordinaria capacidad de su
gobierno los hizo visibles. Su ejecutoria nos mostro cuan malos fueron los
gobiernos anteriores. Decía mi padre que desde Carlos Lleras no había visto un
gobierno bueno. Por tales razones, ahora
estamos en un momento de polarización social donde una mayoría está, claramente en contra del gobierno de Santos, así los
medios convencionales quieran ocultarlo con amañadas encuestas y publicidad
desbordante. Adicionalmente en Bogotá,
la ciudad capital, hay un movimiento enorme de ciudadanos que quieren revocar a
su incapaz administrador que en vez de defenderse gobernando bien, hace su
propia “lista Tascón” y reparte epítetos a sus contradictores como si de dulces
se tratara. Pero hoy día la nuestra, ya
no es una sociedad que se crea los cuentos de complot, de marchas financiadas
con empanadas o de defensores de derechos humanos que trabajan por amor al arte
mientras sus ONG reciben caudales de dinero de países amigos. Y estas inconformidades son, como no, culpa
de Uribe.
Y también es culpa de
Uribe el haberse erigido como el dique latinoamericano de la contención al
expansionismo castrochavista. La bestia negra del socialismo como bien lo
llamaron no más ayer. Eso lo demuestran los constantes e infames ataques recibidos por parte de Maduro,
Cabello, Ortega, Correa, Evo y del mismo enhorabuena difunto, Hugo Chavez.
Lo atacan porque saben que con Uribe liderando un pueblo inconforme, el
castrochavismo jamás será una opción política en Colombia. Y ha resistido esta embestida gracias a la
altísima favorabilidad que le otorgan sus compatriotas que se mantiene intacta
tres años después de haber dejado el poder y a pesar que el actual gobierno colombiano
ha sido cómplice de estos ataques con su silencio ya que nuestras relaciones
internacionales están siendo llevadas por un cínico que dirige a una
funcionaria timorata y acomodada.
Y qué decir del rechazo social a la parasitación del estado
por cuenta de llevar el apellido Galán, Lara, Samper, Serpa y Gaviria por
nombrar algunos. Yo les aseguro que hay por lo menos cien colombianos de
apellidos Pérez, Pataquiva, Hernández o Barriga que son más capaces para
desempeñar los cargos que hoy ostentan los delfincitos. La sociedad lo sabe y
ha empezado a despertar y a exigir de ellos un alto desempeño del que por
supuesto no serán capaces, verbigracia las habilidades lectoras del buen
Simoncito. Y de eso también tiene algo de culpa Uribe,
porque encamino a sus hijos fuera del estado en un acto de responsabilidad
política. Que escruten con lupa a los hermanos Uribe Moreno en su ejercicio
profesional privado me parece maravilloso. Y si encuentran en sus
comportamientos delito alguno, que los venzan en juicios justos, pero estoy
seguro que no los veremos parasitando al estado solo por ser de apellido Uribe.
Es más, llevar ese apellido los ha hecho blanco adjunto de los ataques contra su
padre.
Que en el gobierno Uribe se hayan cometido errores, se haya incurrido en desaciertos y posiblemente algún
funcionario descarriado haya delinquido es bastante probable ya que la
corrupción es un monstruo de mil cabezas y no existe alguien capaz de
acabarla pues la corrupción solo se acaba con un cambio estructural e interno
del ser humano. Pero lo anterior no resta al legado de trabajo y dignidad republicana que ha dejado el presidente
para la historia. Que los colombianos
hayamos recuperado la noción de dignidad nacional y hayamos visto que detentar el poder no riñe con la humildad y el servicio a la patria, es culpa de Álvaro Uribe
Vélez.
Ad: A Iván Cepeda
Castro solo le hace falta presentar un proyecto de ley para cambiarle el nombre
al municipio de Uribe (Meta). Su ulcera
duodenal tiene forma de U mayúscula.
también es culpa de uribe que santos sea el presidente.
ResponderEliminarEs verdad, ese fue un imperdonable error
ResponderEliminarque te puedo decir... tu capacidad de abstracción del legado de Uribe es perfecto, siempre es el que expongo y agradezco, su aporte gigante de infraestructura y progreso como patria digna, es simplemente una tarea de obligatorio cumplimiento de cualquier mandatario, lo que mas valoro de Uribe fue que mostró a los agazapados y cobardes enemigos de la patria, que se incrustaron en ciertos partidos políticos sucios, tambien mostro a ciertos parasitos socialistas camuflados como caricaturistas, comentaristas etc. Tu reconocimiento de la obra del estadista Alvaro Uribe Vélez, es magistral en mi concepto, GRACIAS
ResponderEliminarMe honra enormemente su concepto. Gracias por el apoyo
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