Columna originalmente publicada en www.laotraesquina.co
Con las declaraciones de Gustavo
Petro, se van desnudando las verdaderas intenciones del mal llamado Frente
Amplio por la Paz. Mal llamado, pues
corriendo el riesgo de convertirme en repetitivo, no me cansaré de decir que el
contubernio armado alrededor de la mesa de diálogos de La Habana, no es otra
cosa que un concierto para defenestrar nuestra democracia en favor de la
narcoterrorista Farc.
Con su característica soberbia,
ensalzada por su condición de intocable, el Alcalde Petro opina sin sonrojo,
que lo que hay que hacer con los integrantes de la Bacrim- Farc es convertirlos
de un plumazo en soldados de la patria, y a los soldados de la patria hay que
darles la baja para conformar con ellos una Policía Cívica. Palabras más palabras menos, no solo
considera el ex terrorista indultado Gustavo Petro, que a los narcoterroristas
más sanguinarios de la historia de la humanidad, no hay que exigirles la
entrega de sus armas, sino que además debemos entregarles las armas de la
República. De ese nivel de temeridad y perversión, son sus declaraciones.
Y no contento con ello,
nuevamente reta a la institucionalidad colombiana, al participar abiertamente
en política, contraviniendo la norma que expresamente les prohíbe a los
funcionarios tal conducta. Que peligro
constituye para una sociedad democrática, que
un hombre, a quien producto de un profundo e irrepetible error, se le permitió
participar en política después de haber hecho parte de una banda criminal que
intentó acabar con la democracia como fue el M-19, hoy tome ese regalo que le
otorgo la sociedad y lo convierta atrabiliariamente en una patente de corso,
con la complaciente mirada de quienes deberían ponerle coto a esta irregular
situación.
Por obvias razones, y atendiendo
a su condición de tramposo tahúr, el Presidente Juan Manuel Santos ha hecho una
inverosímil simbiosis con Petro. Tú me apoyas, yo me hago el ciego. Tú orientas
tu grey a votar por mí y yo te protejo. En
el medio de ese irresponsable y penoso acuerdo entre corsarios, queda la ciudad
de Bogotá sin dolientes y la República de Colombia con unos potenciados
verdugos. La amenaza no es poca cosa; hoy vemos bajo la carpa de la infamia,
que la mermelada ha logrado poner hombro con hombro a otrora, mortales
enemigos. Claudia López votando por quien hasta hace poco consideraba como un ladrón
y corrupto politiquero. Iván Cepeda apoyando a quien consideraba como un
representante de la oligarquía de ultraderecha. Los hermanos Galán, propugnando
por la impunidad para el narcoterrorismo que asesinó a su padre. Piedad Córdoba
aprovechando perversamente todo apoyo que pueda conseguir para sus prohijados
camaradas. Samper; bueno, Samper en lo suyo, pervirtiendo el estado desde su
interior como lo ha hecho desde hace mas de 20 años, cada que ha tenido la
oportunidad.
Podríamos llenar cuartillas
enumerando las cosas que pasan en la carpa de la infamia, pero creo que ya está
suficientemente ilustrado lo que allí ocurre.
Estas declaraciones de Gustavo Petro no pueden tomarse a la ligera, ni
considerarse como torpes o fantasiosas. No cometamos ese error. Esas
declaraciones son el culmen del cinismo. Nos están diciendo a los colombianos, que no importa que estemos en
desacuerdo, pues ellos tienen el poder y van a hacer lo que les plazca, aún si
eso significa pasar por encima de toda una sociedad. En sus manos y en su voto está el convertirse
en cómplice de Gustavo Petro, Juan Manuel Santos y las Farc, o la posibilidad
de convertirse en unos de los millones de salvadores de la patria. Usted elige,
después tendrá que sufrir o disfrutar
las consecuencias de sus actos.
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali
Ad: Esperamos que la Procuraduría
General de la Nación, investigue a Gustavo Petro por participación indebida en
política. A Dios gracias, Colombia cuenta con un Procurador independiente y
capaz.
0 comentarios:
Publicar un comentario