Cuenta la historia, que en el año 279 a.c, tuvo lugar la Batalla de
Asculum, donde Pirro de Epiro, propinó una derrota a las legiones romanas, pero
a un costo tan alto en recursos y hombres – algunos historiadores tasan en
3.500, las bajas del ejército de Pirro – y sin que tal batalla concediera una
ventaja en lo estratégico y lo práctico al guerrero, que este, al momento de
ser felicitado exclamó: “Otra victoria como esta, y estaré perdido”
Tal parece, a la luz de los acontecimientos que han tenido lugar, uno tras
otro, en desdichada cadena, que nuestra sociedad se aproxima a obtener, merced
a las pretensiones del gobierno Santos de conseguir lo que él en su delirio
llama “paz”, una victoria pírrica. Los
altísimos costos a todo nivel, en que está incurriendo Colombia para obtener lo
que a duras penas es una falacia, son en mi concepto, de un nivel
extremadamente escandaloso.
Convertir conceptualmente en conflicto interno, lo que no es otra cosa
diferente que la legítima persecución que ejerce el estado sobre unos
delincuentes irredimibles, es cuando menos una concesión, en extremo perjudicial para la sociedad en
pleno, ya que eleva a estos narcoterroristas, al mismo nivel del necesario
brazo coercitivo de la ley, lo que es completamente inaceptable en una sociedad
que se considere civilizada. Por ahí,
estratégicamente, ya empezamos mal.
Dedicar todo un periodo de gobierno, a la obsesiva idea de sentar a algunos
capos del narcotráfico en una mesa, para tratar de hacerlos firmar un papel, a
costa de una impresionante lista de concesiones inmerecidas, algunas de ellas
impresentables a la luz del derecho internacional, es legible desde dos
orillas, a cual más, preocupantes. Una lectura, nos muestra un jefe de gobierno
incapaz de ejercer la autoridad. La otra, nos muestra un jefe de gobierno con
un sospechoso interés de favorecer a los delincuentes. Recordemos que todo este nefasto gobierno ha
estado marcado por la transversal idea de la “paz”, quedando grosera y tal vez,
premeditadamente hipotecado a la voluntad de unos cuantos sanguinarios
vacacionistas del Caribe. No olvidemos la insultante imagen de catamarán,
mojito y habanos.
Los grandes escándalos de corrupción, destapados en las últimas semanas,
donde ríos cerriles de la tan mentada mermelada, han corrido por ejecutivo,
legislativo y judicial, para tratar de acomodar voluntades en torno a una
reelección presidencial, que se presenta,
como no, tocada también por la transversal de
la “paz”, son más que un insulto, en un país donde los niveles de
pobreza aun son de tipo cavernario. Esta serie de recursos estatales, que
deberían estar dedicados a impulsar el proceso de desarrollo social, en favor
de la población más necesitada, no están
llegando a sus legítimos beneficiarios, y más bien, se están quedando como
moneda de intercambio, a favor de un único y vanidoso personaje, en aras de sus
febriles intenciones.
La objetividad y el equilibrio informativo, que son en mi concepto, un
derecho de los ciudadanos y un deber de los medios de la comunicación, están
quedando irremediablemente en la cuenta de bajas de batalla, gracias a la
mercenarización de quienes son responsables de su cuidado. Se disfrazan las noticias, se pervierte el
lenguaje, se pretende incluso desde micrófonos y plumas, adoctrinar a la
población en favor del grupo cercano a quien ostenta el gobierno, llegando
incluso a extremos tales, de
difundir noticias falsas con el fin de
perjudicar electoralmente, al único grupo político que se opone al esperpento
de los diálogos de La Habana. Afortunadamente, las redes sociales no han sucumbido en el campo de batalla, y si
bien en tamaño comparativo, no tienen el mismo poder de combate, si por lo
menos tienen una gran capacidad de alertar a la sociedad y de servir como medio
de contraste para percibir, cómo la mentira campea indecente, por los medios
tradicionales de comunicación.
Ya hemos visto de sobra, ejemplos de cómo el importante poder judicial,
podemos considerarlo también como baja de batalla, pues se encuentra
peligrosamente infiltrado por la delincuencia. A ello sumémosle, que esos
tentáculos infectos, están penetrando lentamente los cuerpos estatales
responsables de los procesos electorales. Este es, en muy pequeño resumen, el panorama
que presenta el campo de batalla en el que nuestra sociedad, conducida por un
inútil, o quizá vendido estratega, va a obtener una “victoria” que nos va a
dejar, como temía el gran Pirro, irremediablemente perdidos.
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali
Ad: A pesar de las circunstanciales coincidencias, en ningún momento
pretendo comparar un prosaico y venal politiquero como Juan Manuel Santos, con
un histórico guerrero como Pirro. No
tendría el diablo la culpa, sino el que le haría la fiesta.
Fotografía tomada de www.elgrancapitan.org
Es válida la comparación con nuestro histórico gran guerrero. Obviamente no por su valentía, palabra inexistente en el pobre conocimiento de Santos, sino por aquello del costo tan grande que representa para nuestro agobiado país. Tienes toda la razón, los costos son absurdos. No se que nos depara el futuro después de esta hecatombe. Si en este momento estamos grave, en manos completas del hampa y un gran, aunque desconocido, descalabro económico, no se como estaremos en los tiempos venideros. Nos esperan tiempos oscuros.
ResponderEliminarEl mayor y mas grave problema, es que estando en poder del hampa y la corrupción, es muy probable que esta alimaña sea reelegida, pues el temor de los colombianos, lo he podido comprobar en días pasados, es inimaginable. CUAN COBARDES SOMOS. Hasta hablar nos genera temor. Soy una persona valiente, luchadora, positiva, sin miedo, pero a pesar de ello, muchas veces me levanto y pienso: " DIOS MIO, NO TENEMOS ESPERANZA"
Somos inocentes culpables. Aunque suene contradictorio
Amparo, tienes mucha razón en tus apreciaciones. Estoy de acuerdo contigo; si no actuamos decididamente seremos unos inocentes muy culpables, Gracias
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