Como todo un perfecto
escenógrafo, este gobierno se ha vuelto especialista en ir ambientando con
unos, sospechosamente convenientes hechos, las sorpresitas a las que nos tiene
acostumbrados. Cada decisión que se toma
al interior de palacio, motivada generalmente por presión o por perversión,
enrevesada como son casi todas las del Presidente Santos, requiere de esa
ambientación previa, para poder ser socializada. Es la perfecta ilustración de lo nacido bajo
los intereses de unos pocos, y que por obvias razones, no beneficiará a sino a
esos pocos.
Con el riesgo que se me juzgue de
hilar muy delgado, la manera como se abordó el asunto de la supuesta
interceptación de comunicaciones a la mesa de La Habana, me parece que resultó
maravillosamente conveniente para enrarecer el ambiente y hacerlo proclive a
unos cambios en las fuerzas militares que perfectamente, pueden obedecer a
“cordiales solicitudes” de los señores negociadores de las farc, como ahora el
nuevo lenguaje de la “paz”, nos pide que llamemos a los salvajes narcoterroristas
que vacacionan en Cuba por cuenta del erario.
Pero no nos llamemos a engaño; el
anterior, no es un hecho aislado. Hoy por hoy, en nuestro país todo gravita en
torno a esa patética farsa patrocinada por el Foro de San Pablo. La agenda
nacional está completa y convenientemente amarrada al devenir de La Habana, convirtiendo
todos los asuntos de Estado y de gobierno, en unos simples apéndices del
proceso. Contrario a toda lógica, se
encadenó el destino de 45 millones de personas a los caprichos de un grupo de
capos del narcotráfico, que deberían estar perseguidos de forma vehemente por
el Estado y que ahora, increíblemente se encuentran protegidos por el mismo. Lo
anterior, corriendo nuevamente el riesgo
de hilar muy delgado, no se puede reducir a cosas tan minúsculas y banales como
el deseo de una reelección, o el actuar de un inepto. No señores, esto va mucho
más allá.
El Presidente Santos ha
demostrado ampliamente que de inepto no tiene un pelo. Ha sabido sincronizar
una perversa maquina en pro de unos intereses en común que maneja con las Farc,
y que se basan en mi parecer, en dos cosas que resultan de suma importancia
para los carteles del narcotráfico. Por
una parte, está el secuestro del poder político que necesitan para consolidar su
proyecto de toma de la nación, y por otra parte, la legalización de las
inconmensurables fortunas que genera el negocio de las drogas ilícitas. Este proceso de blanqueamiento de capitales
ilegales, es lo que ha logrado que haya tanto amigo de la “paz”; para nadie es
un secreto que el proceso de lavado de activos alimenta una gran cantidad de
actividades colaterales, resultando beneficiadas económicamente una gran
cantidad de personas que se hacen necesarias para esta compleja operación. En
esta aciaga hora de la historia, los círculos adyacentes al poder están
repletos de personas, que creyendo que el dinero lo es todo, terminan haciendo
todo por dinero. Incluso alinearse con la “paz”, en detrimento de los intereses
supremos de la patria.
Por tantas y tantas razones que
hay para oponerse a semejante despropósito, y en desarrollo de este delicado
tema, siempre he puesto la palabra paz, entre comillas. Lastimosamente, el
nuevo lenguaje degradó tanto esa hermosa palabra que se hace necesario distinguir entre la “paz” que nos ofrecen los
perversos, y la verdadera paz que solo otorga y merece, una sociedad respetuosa
y cumplidora de la ley. Y también hablo
de “paz” debido a que muy sutil, pero contundentemente, nos han querido vender
como “guerra”, lo que no es más que la justa protección que el gobierno tiene que
procurarle a su pueblo, frente a quienes pretenden doblegarlos mediante el yugo
de la criminalidad. Si perseguir a los
delincuentes hasta reducirlos y someterlos al imperio de las leyes de la
república, en este país se llama guerra, es mi deseo que vivamos eternamente en
ella. Como sociedad no podemos renunciar a ese deber moral, porque entonces,
nos convertiremos en esclavos de quienes tengan la fuerza suficiente para
quebrar y/o manipular el ordenamiento jurídico.
Mis padres me educaron con
espíritu de hombre libre y por tanto, no acepto ninguna clase de esclavitud, ¿Y
usted?
Rodrigo Gallo
@AlegreBengali
Ad: No hay ser humano más esclavo que aquel que se regocija
en sus cadenas
totalmente de acuerdo con usted compadre llanero...!!!...sus lineas dicen una verdad que este Gobierno le da temor sacar a la luz, todo eso para no ver en riesgo su obra de teatro mas grande y el cual...como bien lo dice usted...les deja muchisimos dividendos...!!!...empezando por su Ministro de Defensa, al cual se le salio de las manos las tropas de nuestro Glorioso Ejercito Nacional...porque no hay mando ni un norte definido por el...lo mejor que puede hacer el "ministro" es solo una cosa...RENUNCIAR al cargo y dejar la cartera en manos de un militar como se hacia antes...
ResponderEliminarentre otras cosas que esa Obra de Teatro llamada "proceso de paz de la habana" no menciono aca porque duramos dias enteros hablando de eso, y solo lo hare sentado con usted al son de Hector Zuleta y unas amarillas como dice usted...
un abrazo compadre...!!!