El pasado viernes 28 de junio a propósito de la pretendida y
fracasada primavera Petrista comenté en mi cuenta de Twitter lo siguiente
“@AlegreBengali: Me cuentan amigos de Bogotá que se concentra el M-19 cerca a la plaza de Bolívar. ¿Será que se van a
tomar el Palacio de Justicia otra vez?”. El anterior trino ocasionó diversas
respuestas por parte de los simpatizantes de Gustavo Petro y en general de los
militantes de la llamada Izquierda Democrática, unos en tono respetuoso y
calmado y otros que se prodigaron en el más amplio espectro del insulto
personal. Intolerante, reaccionario,
retrógrado y guerrerista fueron los calificativos mas decentes que recibí y si
bien estoy de acuerdo en que el trino fue bastante fuerte, éste tiene una razón
de ser que va mas allá de la ironía o la burla. Es un párrafo que sintetiza mi
sentir acerca de estos enrevesados procesos de paz y es que a la fuerza, no
perdono a los terroristas.
El M-19 que cometió la felonía más grande del siglo XX en
Colombia cuando se tomó violentamente el edificio insigne de la diosa Temis, a ordenes presumiblemente del sanguinario
Pablo Escobar, recibió de manos del estado colombiano un indulto a todos sus
crímenes con el fin de lograr su desmovilización y reinserción a la vida civil,
con el que pasaron de la actividad hamponil a la vida política nacional sin
haber rendido un pago a la sociedad por sus innumerables y crueles acciones
violentas. Ese es el punto que a este colombiano de a pie
y según mi percepción a una gran parte del pueblo colombiano le ha generado una barrera sicológica al perdón.
Como perdonar a unos individuos que ni lo han pedido ni lo
merecen gratuitamente, porque sinceramente no encuentro en estos 20 largos años que han pasado desde tal
hecho un solo beneficio para la sociedad colombiana con este indulto. La
violencia ha continuado su rampante camino incluso recrudeciéndose porque el asesinato sistemático de colombianos y las acciones terroristas del eme fueron retomadas con lujo de detalles por sus progenitores (las farc) y las
incursiones en política de sus militantes han sido una constante incitación a
la división y a la lucha de clases ahora atizada desde una espuria legalidad
que no les costó un quinto de lo que le ha costado a la sociedad. Como entender que un vergonzoso episodio como
la toma del Palacio tenga a los felones en posiciones de gobierno y administración de
justicia y al mismo tiempo tenga a un legítimo defensor de la democracia, héroe
de la patria como es el Coronel Alfonso Plazas Vega, condenado grosera e injustamente a
muchos años de cárcel. El mundo al revés diría yo.
Cómo perdonar a quienes aprovechando la estúpida generosidad
gubernamental pasaron de ser los violadores de la ley y el orden
constitucional, a convertirse en un colectivo de abogados dedicado a desangrar
patrimonialmente a la nación adjudicando la responsabilidad de sus propias
fechorías al estado y a ser los beneficiarios de generosos recursos extranjeros
merced a la fundación de Corporaciones y ONG’s “defensoras de derechos
humanos”, pero más insultante aún, a creerse
con la facultad de dictar los caminos de la moral y la ética en el país.
Cómo perdonar a quien gracias a la precaria educación electoral
que tenemos los colombianos está ahora aferrado al primer cargo de la capital
de la república repartiendo insultos y agravios a quienes se atreven a criticar
su deplorable capacidad gerencial y administrativa, llegando incluso al extremo
de amenazar con un levantamiento social si llegase a ser revocado o sancionado,
creyéndose con esto un individuo con patente de corso y demostrando total
desprecio por la sociedad que generosa e ingenuamente le indultó sus crímenes.
Podría gastar cantidad de espacio enumerando las razones por
las que no puedo perdonar a los terroristas del M-19 pero es más sensato
concluir manifestando que contrario a lo que se pueda pensar, ese proceso me
parece un completo fracaso que no ha conseguido ni verdad, ni reparación, ni
justicia, ni paz, ni mucho menos perdón quedando entonces reducido a un
escandaloso y gratuito lavado de sus máculas, lo que los acerco un poco más a
sus objetivos primarios de implantación del modelo comunista en Colombia. Estúpido fue el gobierno de entonces en ese
proceso y estúpido está siendo el gobierno actual en este proceso con los
terroristas de las farc quienes aspiran
a lavar su inconmensurable e ilegal riqueza y a obtener poder político
sin pagar ni un solo día de cárcel por sus crímenes, sin entregar sus
maquinarias de la muerte y sin observar el mas mínimo respeto por sus
conciudadanos. ¿Somos tan desmemoriados
que ya olvidamos esa colección de errores en tan solo 20 años y estamos
ad-portas de volverlos a cometer?
A los pocos
partidarios de tal despropósito les pregunto ¿De verdad creen que este
contubernio Santos - Farc - Eln va a traer paz a la nación? ¿De verdad quieren que a ese precio, los
colombianos seamos del combo de los de
“mi aporte es creer”? No nos crean tan…..
@AlegreBengali
Ad: Sonaré repetitivo pero el único camino digno y seguro a
la paz es la protección del imperio de las leyes y el sometimiento de todos los
ciudadanos al mismo, por la vía que sea menester.
Fotografía tomada de Colcultura.com
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