Una breve lectura de las declaraciones dadas
por los negociadores de las Farc en el tiempo que lleva funcionando la mesa de
diálogos de La Habana nos lleva a encontrar
frases como “El gobierno no tendrá
nunca una foto nuestra entregando las armas” , “No entregaremos las armas a un
estado que ha sido incapaz de quitárnoslas” , “No estamos vinculados con el
narcotráfico, eso mueve a risa hombre, nosotros somos una organización político-militar demasiado
seria, demasiado responsable" y otras varias perlas por el estilo que
ratifican una condición que ostentan los grupos narcoterroristas y que es
claramente identificada por la opinión pública colombiana, la cual es su total
desconexión con las realidades y necesidades sociopolíticas de nuestro país.
A pesar de la inmerecida
oportunidad torpemente brindada por el gobierno Santos al cartel
narcoterrorista de las Farc, que ha sido aprovechada por estos bandidos para
lavar su imagen internacional con miras a un último, coordinado y macabro
esfuerzo para acceder al poder, no han sido lo suficientemente sagaces para
tratar de conectarse en algo con la sociedad colombiana. Cada declaración, cada
propuesta hecha, cada rueda de prensa concedida por Márquez y sus esbirros se
convierte inmediatamente en un agravio a sus víctimas y en últimas, al grueso
de los ciudadanos que han visto como, año tras año, los estándares de desprecio
por la condición humana, cinismo y crueldad de este grupo terrorista aumentan
de manera exponencial.
No vamos a caer en error de basar
esta reflexión en la falsa condición de revolucionarios o luchadores sociales que
pretenden enarbolar las Farc y el ELN pues para nosotros es claro que se trata
de un par de simples y llanos grupos de narcotraficantes, así que sobre esa base conceptual, la crueldad y
torpeza que exhiben en cada una de sus espeluznantes actuaciones toman
dimensiones catedralicias.
Atacar con tatucos, granadas y
disparos de fusil a los sufridos habitantes de Sipí en el Chocó dejando a su
paso muerte y desolación, como ilustra el caso de la tragedia sufrida por
Faynoris y sus hermanitos, que dicho sea de paso no tuvo eco en los medios
tradicionales de comunicación, no puede concebirse en ninguna mente por idiota,
imbécil o adoctrinada que esta sea, como un acto de revolución social.
Propinarle un disparo de fusil en la cabeza a un angelito que no ha cumplido un
año de existencia es algo que requiere
una honda degradación del alma y no demuestra ante los ojos de ningún ser
humano una lucha social por la prosperidad del campesino colombiano. Condenar a
un niño de escasos tres años a utilizar prótesis durante el resto de su
existencia no es, ni bajo la óptica del más perverso, un acto de reivindicación
social. Reitero, estos bandidos están
profundamente desconectados de la realidad.
Y esa desconexión puede ser
atribuible a innumerables razones; la soberbia que les otorga el poder de
intimidación de sus fusiles; la exclusiva y desgastante dedicación a mantener
el lucrativo pero a la vez difícil y tenebroso negocio del narcotráfico y sus
conexidades como el tráfico de armas, la trata de personas y el reclutamiento
de niños . No hay que ser el más brillante de la clase para asimilar como
esclavitud una fotografía donde posan niños de camuflado y con fusiles, muchos
de ellos de palo porque hablando descarnadamente, los comandantes no invierten
400 dólares en un arma para que la porte una ficha que ponen en el tablero como
carne de cañón. Incluso pueden tener la equivocada presunción de apoyo popular
por la existencia de unos cuantos desadaptados en las universidades públicas
que creen que la lucha social es convertirse en abominables “capuchos” capaces
destruir la planta física de la institución que les transfiere conocimientos o
pintar la imagen del asesino Ché Guevara (fascista entre los fascistas) en las
paredes de un edificio. Razones habrán miles que conduzcan a lo mismo, pero lo
cierto es que aunque suene repetitivo, están profundamente desconectados de la
realidad.
¿Para donde va entonces me
pregunto yo, un proceso de dialogo con unos facinerosos que demuestran no
conocer en qué país habitan ni que sociedad aspiran a representar políticamente?
Yo mismo me respondo al sabor de un humeante café cerrero. De no corregirse el
rumbo, esto va para una nueva escalada de violencia protagonizada, bien por
ellos mismos cuando la mesa no les ofrezca mayores réditos o bien por ignotos
actores que no van a soportar un agravio más de parte de este diabólico Joint
Venture concebido por el Samperismo. Presidente Santos, aun está a tiempo, no pase
a la historia como el Chamberlain colombiano.
Ad: Colombia es un pueblo noble y
democrático pero no cometan el error de creerlo un pueblo estúpido porque se
van a llevar una gran sorpresa.
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