jueves, 20 de junio de 2013

EL CARTEL "UNPLUGGED"

Una breve lectura de las declaraciones dadas por los negociadores de las Farc en el tiempo que lleva funcionando la mesa de diálogos de La Habana nos lleva a encontrar frases como “El gobierno no tendrá nunca una foto nuestra entregando las armas” , “No entregaremos las armas a un estado que ha sido incapaz de quitárnoslas” , “No estamos vinculados con el narcotráfico,  eso mueve a risa hombre, nosotros somos una organización político-militar demasiado seria, demasiado responsable" y otras varias perlas por el estilo que ratifican una condición que ostentan los grupos narcoterroristas y que es claramente identificada por la opinión pública colombiana, la cual es su total desconexión con las realidades y necesidades sociopolíticas de nuestro país.

A pesar de la inmerecida oportunidad torpemente brindada por el gobierno Santos al cartel narcoterrorista de las Farc, que ha sido aprovechada por estos bandidos para lavar su imagen internacional con miras a un último, coordinado y macabro esfuerzo para acceder al poder, no han sido lo suficientemente sagaces para tratar de conectarse en algo con la sociedad colombiana. Cada declaración, cada propuesta hecha, cada rueda de prensa concedida por Márquez y sus esbirros se convierte inmediatamente en un agravio a sus víctimas y en últimas, al grueso de los ciudadanos que han visto como, año tras año, los estándares de desprecio por la condición humana, cinismo y crueldad de este grupo terrorista aumentan de manera exponencial.

No vamos a caer en error de basar esta reflexión en la falsa condición de revolucionarios o luchadores sociales que pretenden enarbolar las Farc y el ELN pues para nosotros es claro que se trata de un par de simples y llanos grupos de narcotraficantes, así que  sobre esa base conceptual, la crueldad y torpeza que exhiben en cada una de sus espeluznantes actuaciones toman dimensiones catedralicias.

Atacar con tatucos, granadas y disparos de fusil a los sufridos habitantes de Sipí en el Chocó dejando a su paso muerte y desolación, como ilustra el caso de la tragedia sufrida por Faynoris y sus hermanitos, que dicho sea de paso no tuvo eco en los medios tradicionales de comunicación, no puede concebirse en ninguna mente por idiota, imbécil o adoctrinada que esta sea, como un acto de revolución social. Propinarle un disparo de fusil en la cabeza a un angelito que no ha cumplido un año de existencia  es algo que requiere una honda degradación del alma y no demuestra ante los ojos de ningún ser humano una lucha social por la prosperidad del campesino colombiano. Condenar a un niño de escasos tres años a utilizar prótesis durante el resto de su existencia no es, ni bajo la óptica del más perverso, un acto de reivindicación social.  Reitero, estos bandidos están profundamente desconectados de la realidad.

Y esa desconexión puede ser atribuible a innumerables razones; la soberbia que les otorga el poder de intimidación de sus fusiles; la exclusiva y desgastante dedicación a mantener el lucrativo pero a la vez difícil y tenebroso negocio del narcotráfico y sus conexidades como el tráfico de armas, la trata de personas y el reclutamiento de niños . No hay que ser el más brillante de la clase para asimilar como esclavitud una fotografía donde posan niños de camuflado y con fusiles, muchos de ellos de palo porque hablando descarnadamente, los comandantes no invierten 400 dólares en un arma para que la porte una ficha que ponen en el tablero como carne de cañón. Incluso pueden tener la equivocada presunción de apoyo popular por la existencia de unos cuantos desadaptados en las universidades públicas que creen que la lucha social es convertirse en abominables “capuchos” capaces destruir la planta física de la institución que les transfiere conocimientos o pintar la imagen del asesino Ché Guevara (fascista entre los fascistas) en las paredes de un edificio. Razones habrán miles que conduzcan a lo mismo, pero lo cierto es que aunque suene repetitivo, están profundamente desconectados de la realidad.

¿Para donde va entonces me pregunto yo, un proceso de dialogo con unos facinerosos que demuestran no conocer en qué país habitan ni que sociedad aspiran a representar políticamente? Yo mismo me respondo al sabor de un humeante café cerrero. De no corregirse el rumbo, esto va para una nueva escalada de violencia protagonizada, bien por ellos mismos cuando la mesa no les ofrezca mayores réditos o bien por ignotos actores que no van a soportar un agravio más de parte de este diabólico Joint Venture concebido por el Samperismo.  Presidente Santos, aun está a tiempo, no pase a la historia como el Chamberlain colombiano.


Ad: Colombia es un pueblo noble y democrático pero no cometan el error de creerlo un pueblo estúpido porque se van a llevar una gran sorpresa.

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