martes, 26 de marzo de 2013

YO SOY ZICO



Así empezaba la “planeación” de los partidos de futbol  en  el  recreo  en pleno año 1982.  Cursaba quinto de primaria y el ídolo de todo el colegio era el mágico 10 de la selección Brasil dirigida por Tele Santana,  el gran Arthur Antunes Coimbra “Zico”.  Para los críticos de la época era el mejor jugador del mundo y la selección que integraba era el mejor  Brasil de toda la historia incluso por encima del de México 70 con Pele a bordo.  Hoy aun hay gente del futbol que lo sigue considerando así.

Yo, que no pude ver en tiempo real al rey Pele y de cuya monarquía no tengo dudas, pero que vi en toda su calidad a Zico y luego en la misma década a jugadores de la talla de Maradona, Platiní, Rumennige, Elkjaer Larsen y Gregorz Lato por nombrar algunos de los mejores de los Ochenta sigo quedándome con la imagen del brasileño, del Pele Blanco como fue llamado en su momento, como el mejor jugador de futbol de la historia después de Pele.  Siendo esta una calificación subjetiva por supuesto, ya que depende del gusto particular del evaluador y aunque no ganó ni un solo título mundial como si lo hicieron Maradona, Zidane, Rivaldo, Ronaldo, Del Piero e Iniesta hizo de su combinación de la exquisita técnica de un 10 y el poder goleador de un 9 una maquina de jugar al fútbol que quedo para siempre grabada en la historia.

Así las cosas, en el año 1982, regresamos de vacaciones de mitad de año todos los muchachos de mi curso maravillados por esa selección Brasil y todos sin excepción,  queriendo ser Zico cuando el timbre sonaba para salir al recreo e ir al potrero que quedaba atrás, más conocido como la loma, a disputar un intenso picado de 40 minutos.   Y venia la repartición de nombres y el sorteo de cancha que cobraba crucial importancia porque la loma era eso, una loma, donde el equipo que perdía el carisellazo tenía que jugar cuesta arriba y no podía ser Brasil.

Y henos ahí, seis o siete muchachos del equipo que había ganado el sorteo de cancha que dejábamos de ser estudiantes de quinto de primaria para convertirnos en  Zico, Socrates, Falcao, Toninho Cerezo, Junior y Eder. El arquero, bueno el arquero quedaba “rabón”  porque no podía ser Dino Zoff, le tocaba ser Valdir Perez.  Normalmente el otro equipo escogía ser Italia y su arquero era el único feliz.  Era todo un proceso que se hacía rápida pero sagrádamente antes del partido y los nombres se escogían a la suerte, con la condición de que al que le había tocado ser Zico ayer, no podía serlo hoy.  


Ese era el impacto que el Galinho, como también le decían a Zico en su amado Clube de Regatas do Flamengo, tuvo en mi generación. Hoy no hay cuarentón que no haya sido Zico en algún partido de su infancia.  Yo todavía, jugando PES, en mi interior soy Zico.


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